martes, octubre 03, 2006

Padres budistas

Una pregunta que me hago (con una frecuencia insuficiente) es ¿Cómo se manifiesta en mi vida diaria el hecho de 'ser' budista? Pongo 'ser' entre comillas porque uno es budista sólo en la medida que lo practica. Si voy al refugio del Buda, del Dharma y de la Sangha entonces debería reflejarse en mi comportamiento, en mi comunicación y en mis estados mentales en todas las facetas de mi vida.

Últimamente me he estado preguntando que significa ser budista - es decir practicar el Dharma - como padre y en esta línea me ha resultado interesante una conferencia de Sangharákshita titulada 'Consejos para padres budistas'. Sangharákshita ofrece unos 15 puntos de consideración para budistas que son también padres, o padres que son también budistas. De hecho su primer punto es exactamente esto. Dice:

1. Recuerden que primeramente son budistas y después padres

Si son ustedes ambas cosas, budistas y padres, mejor piensen que son budistas que son padres, en vez de padres que son budistas. Hay una gran diferencia entre estas dos posturas. Diciendo esto, no estoy, ciertamente, animando a los budistas a que pongan a sus hijos en segundo lugar. No estoy sugiriendo que si quieres irte de retiro y tu hijo está enfermo lo dejes a merced de otra persona y te vayas. En absoluto. El budismo viene primero en el sentido de que es del budismo, de principios budistas, de donde sacas los principios para tratar de ser un padre, o una madre, budista y no tan sólo un padre, o una madre.

Los seres humanos tenemos en común el ser padres con casi todas las especies animales; ser padres no es un gran logro, casi todos los seres humanos lo son. Pero aunque es fácil hacerse padres, ser buenos padres es verdaderamente muy difícil y ser padres budistas lo es todavía más, ya que eso trae consigo aplicar, o tratar de aplicar, principios budistas a las relaciones con los hijos. Este punto subyace en todos los otros que quiero dar.

Es eso lo que me interesa: aplicar, o por lo menos intentar aplicar, los principios budistas a mis relaciones con mi familia. Significa ejemplificar estos principios. Es sin duda un reto, pero un reto que valoro enormamente. Porque es precisamente en mi vida cotidiana, en mis relaciones con aquellas personas con quién vivo, que la profundidad, o no, de mi practica como budista se ve. Es en el trato diario donde se debilita o se fortalece.

Por cierto, el segundo de los 15 puntos que ofrece Sangharákshita también es muy interesante, Intenta aclarar un asunto que de vez en cuando algún amigo o conocido me hecha en cara:

2. No temas enseñar a tus hijos budismo

Hoy en día hay gran cantidad de ideas confusas sobre que se debe enseñar a los hijos. Se dice con frecuencia que no debemos interferir en lo que piensen los demás; debemos alentar a la persona a que piense por sí misma. Los hijos no deben ser adoctrinados, sino que se debe permitir que crezcan con mentes abiertas, libres, casi en blanco. Entonces, cuando sean lo suficientemente mayores, ellos decidirán por sí mismos si quieren ser cristianos, budistas, agnósticos, musulmanes, hare krisnas o lo que a ellos más les llame.

Esa forma de pensar no es nada realista. Mientras cuidadosamente te abstienes de enseñarles a tus hijos budismo, te abstienes, tal y como lo ves, de adoctrinarlos, toda suerte de agentes van a trabajar mucho adoctrinando a tus hijos con valores muy diferentes a los tuyos, lo quieras o no. A los niños se les adoctrina constantemente: en la escuela o en la guardería, por medio de la televisión, de las películas, del ambiente general de nuestra sociedad. No pienses que si te abstienes de adoctrinar a tus hijos ellos serán completamente libres de elegir entre distintas cosas cuando alcancen uso de razón, cuando sea que eso ocurra (si de hecho se llega a alcanzar).

Por consiguiente, no temas enseñar a tus hijos budismo –o, mejor dicho, comunicarles algo del espíritu del Dharma. La sociedad, en el sentido más amplio, les va a comunicar toda suerte de mensajes, alguno de los cuales pueden definitivamente tener efectos negativos sobre ellos. Luego no te frenes en darles la influencia positiva del Dharma. No tienes que intentar enseñarles doctrinas budistas difíciles de comprender, como la ley del surgimiento condicionado. No tienes que hacerles leer A Survey of Buddhism en su tierna edad. Puedes empezar muy pronto enseñándoles libros con ilustraciones de la vida del Buda, o las historias tradicionales de las vidas previas del Buda. A todos los niños les gustan las historias, y es de esperar que la televisión no excluya completamente el contar cuentos en casa. Así podrás introducirles en el mundo de la cultura budista y darles algo del sentimiento del budismo.

Algo más que puedes hacer –algo más que debes, de hecho, hacer- es dar ejemplo. A medida que tus hijos crecen y empiezas a comunicarles tus valores –digamos, tu compromiso con el habla ética- es importante que tú mismo demuestres ese compromiso en tu forma de vida. Como todos los padres saben, los niños notan rápidamente las discrepancias. No hay que decir a tu hijo o hija que está mal decir mentiras y decirles cuando alguien llama a tu puerta “di que no estoy en casa”.

También comunicas algo del espíritu del Dharma a tus hijos a través del ambiente que prevalece en casa. Es importante que cuando los niños vuelvan de la escuela o de alguna otra actividad, sientan que el hogar es un buen sitio en que estar: quizás tranquilo, quizás animado y alegre, pero feliz y positivo, con un ambiente de afecto y seguridad. Quizás algún día se den cuenta que ese ambiente tiene algo que ver con el hecho de que eres budista y que meditas; pero independientemente de que vean o no esa conexión, sentirán el beneficio de vivir en un ámbito positivo.

Si quieres leer la conferencia entera esta en librosbudistas.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Moksananda:

Que bueno que ya estás de vuelta en este espacio. El tema que traes ahora es muy inportante porque la mayoría del rechazo a las cosas religiosas se gesta justamente en el hogar, donde no hay correlación entre el discurso y el ejemplo de determinados valores. Y a menudo estos se transmiten a los niños por imposición y mandato, en vez de por respeto y comprensión.

un saludo
Arturo