viernes, febrero 02, 2007

Apagando las luces

Ante las expectativas generadas por el apagón de anoche (en España), la respuesta supo a poco. Sólo 2,5% de los usuarios domésticos apagaron las luces.

Yo sí las apague. O mejor dicho, nosotros. Fue una cena memorable, toda la familia sentada en la oscuridad. Fue otra cosa, otra manera de experimentarnos, otra manera de ver el mundo, nuestro mundo. Todo se tornó más fluido, mágico. Salimos fuera a ver la luna, casi llena. No había oscuridad, sino luz.


La oscuridad no es negro sino media luz. En la oscuridad no es que las cosas no se ven sino que se vean a medias, de forma rara, diferente. Otra realidad.

Me hace pensar en una historia que cuenta Reginald Ray. Cuenta que un tal Maladome Some, un maestro espiritual africano, vivía en un pueblo sin electricidad. Tenían otras formas de crear luz, es decir lámparas, velas... . Maladome llevaba años sin estar en su pueblo. Le habían secuestrado cuando era pequeño y le habían educado en un monasterio católico. Cuando regresó a su pueblo unos veinte años más tarde quería encender las luces por la noche. Le dijeron que no. "Si encendemos las luces no veremos". Resultó que para la gente del pueblo la oscuridad era importante. En la oscuridad se ve lo que quiere ser visto y no lo que tú quieres ver.

Reginald Ray usa la historia para explicar un aspecto de la meditación. En la meditación cerramos los ojos y observamos. Observamos lo que hay, y no lo que queremos que haya. En la media luz de la meditación nuestro ser, nuestro cuerpo, nuestra mente-corazón se muestran tal como son y no como nosotros queremos que sean.

Tanto la meditación como la oscuridad pueden espantar. Por eso sólo 2,5% de la población apaga las luces. Por miedo a lo que van a ver.

Y así se pierde la magia.

1 comentario:

TaRa dijo...

Excelente página ya te enlazo.