jueves, junio 28, 2007

Rumbo Méjico


Mañana salgo para Méjico de nuevo, para celebrar un retiro con las personas que han pedido la ordenación en la orden budista occidental, y para ver amigos.

Vamos a explorar el sendero desde la perspectiva de lo que Sangharákshita llama 'Las 5 etapas del sendero espiritual'. Por si alguien tiene interés en conocerlas, abajo he pegado un breve resumen de ellas. Me parecen interesantes tanto como una síntesis del camino budista como del sendero de la evolución 'espiritual' en general.



Tomado del seminario dirigido por Sangharákshita (no editado ni revisado), sobre la “Guirnalda Preciosa”, de Nagaryuna

Estaba pensando esta mañana que, antes de que viéramos los versos, sería útil considerar cuáles son las principales etapas del Sendero Espiritual en términos prácticos, porque en los textos budistas, no sólo en los sutras sino en todo tipo de libros sobre budismo (como tantos que se producen en la actualidad) encontramos diversas descripciones del Sendero. Algunas son muy buenas, otras son muy inspiradoras, pero no siempre concuerdan. Lo cierto es que a veces resultan muy diferentes. Por supuesto, hay ocasiones en que se traslapan. Algunas descripciones son muy detalladas y es común que nos perdamos en esos detalles. Cuando eso sucede, no puedes dejar de preguntarte dónde te hallas exactamente y qué es lo que debes hacer para pasar a la siguiente etapa o sub-etapa o, incluso, sub-sub-etapa. Es por eso que pensé que en este punto en que nos encontramos, a mitad de este seminario, sería conveniente hacer un bosquejo de lo que, en efecto, constituyen las diversas etapas (en lo que a nosotros concierne) y también señalar algunas relaciones que se establecen con cierta clase de formulaciones tradicionales (descripciones tradicionales del Sendero).

Me parece que podemos contemplar todo el Sendero Espiritual como consistente en cinco grandes etapas. Éstas corresponden, grosso modo, a los cinco senderos de la tradición budista india, pero no entraré en muchas comparaciones en esta etapa. No me gustaría que el resultado fuera una descripción comparativa, por decirlo así, sino una descripción integra, acorde a nuestras necesidades y experiencias.

De tal modo, puedo afirmar que la primera etapa es, en realidad, la de la Atención y la Conciencia. En verdad, esto es lo primero que hay que hacer, desarrollar la atención y la conciencia. Por supuesto, podemos pensar en la atención y la conciencia como los Cuatro Fundamentos de la Atención Consciente o como las Cuatro Dimensiones de la Conciencia, pero eso es sólo un detalle. Así que lo primero que tenemos que hacer, la primera etapa que debemos atravesar, es la Etapa de la Atención y la Conciencia. Esto significa, en especial, el desarrollo de la conciencia de sí mismo, que a su vez implica la autointegración. De cierta forma, la atención consciente es, también, la etapa de la integración. Reúno todo aquello que me constituye y que se encuentra diseminado. Lo integro. Supero mi conflicto interno conmigo mismo y mi falta de armonía interior. Consigo funcionar como un conjunto bien afinado y no como un montón de piezas sueltas, como fragmentos de “yo” que luchan y se empujan por ganar la supremacía. Como podrán empezar a darse cuenta, ésta es ya, de por sí, toda una tarea; practicar la atención consciente y lograr la propia integración, pero es apenas la primera etapa. En realidad, significa nacer de nuevo, como una persona integrada, como un individuo consciente de sí mismo.


Viene entonces lo que podría describir como la etapa de la Emoción Positiva.
Claro que al decir emoción positiva estoy hablando de amistad, compasión, alegría, ecuanimidad, fe y devoción. De tal manera, en tanto que la emoción positiva es algo que nos mueve y no algo estático, también podemos decir que es la Etapa de la Energía. En esta etapa intentamos volvernos lo más emocionalmente positivos que nos sea posible. Vencemos a todas las emociones negativas. No nada más tratamos de desarrollar nuestras emociones, sino que procuramos refinarlas. No desarrollamos simplemente la emoción positiva, sino también las emociones espirituales. Es aquí donde cobra importancia todo el asunto de la belleza espiritual. Vemos, por lo tanto, que en esta etapa se desarrollan las emociones positivas y también las espirituales en un alto grado de intensidad. Estamos hablando, asimismo, del nivel de la meditación, del samadhi, porque estas emociones positivas y las energías que uno genera nos conducen a través de todos los niveles de dhyana. Mas no se trata de la etapa de la meditación simplemente en el sentido de sentarse a meditar. Es la etapa del ser emocionalmente positivo y, si es posible, en un sentido espiritual más elevado, no importa lo que estés haciendo. Ya sea que estés sentado meditando, trabajando, hablando o que estés nada más solo y tranquilo.


La tercera etapa se podría decir que es la Etapa de la Visión.
En esta etapa uno ve la verdad. Claro que no nos referimos a la verdad como algo externo que se puede mirar, como si fuera un objeto ordinario. Podría afirmarse que ésta es la etapa de apertura a la verdad. Guenther lo expresa como la dimensión de la apertura al Ser, con “S” mayúscula. Él se refiere a shúnyata, pero aunque su expresión es un poco vaga, al mismo tiempo es bastante expresiva: la dimensión de la apertura del Ser. De modo que también es la etapa de la apertura; una apertura que va hacia la realidad esencial, sin vacilar ante los avances de la expansión y sin abrirse tanto, es decir, abriéndose en lo que concierne a la emoción positiva pero luego negándose a abrirse más. No, es apertura indefinida a lo esencial o, para decirlo en términos visuales, a una visión de la realidad, a una visión de la verdad. También, casualmente, es la etapa de la muerte. Podríamos decir que es la etapa de la muerte espiritual porque significa la muerte del viejo yo, del ego, por muy refinado que esté y es el nacimiento de lo que ya he señalado. Pongamos que es el nacimiento de la semilla de la budeidad. No porque no hubiera antes esa semilla, pero es que ahora se ha hecho visible, por decirlo así y es a partir de ella que se desarrollará y surgirá el nuevo ser, el Buda. Así que la Etapa de la Visión es, de igual forma, la Etapa de la Muerte porque cuando uno ve la verdad, de alguna manera, muere. O, bien, digamos que cuando uno muere puede ver la verdad. Por supuesto, entre las prácticas que realizamos, esto lo abarca la de los seis elementos y la meditación sobre shúnyata, sólo que no meditamos acerca de shúnyata como si fuera algo ahí afuera sobre lo cual ponemos la atención, pues eso sería sólo una idea, un concepto, una imagen vaga de shúnyata y no el shúnyata en sí. Así es la Etapa de la Visión o, si lo prefieren, la Etapa de la Realidad o Etapa de la Muerte, como quieran llamarla; la Etapa del Renacimiento Espiritual.


A continuación viene lo que podemos denominar la Etapa de la Transformación.
Ésta es cuando la visión que has tenido o, si prefieres decirlo así, tu experiencia, comienza en realidad. Desciende y transforma cada aspecto de tu ser. No sólo ocurre en la cabeza o en tu ser espiritual; impregna todo lo que eres, cada parte de tu cuerpo espiritual, digamos. También es ésta la etapa de la meditación, en cierto sentido, pero no la meditación con la cual has de lograr la iluminación, sino aquélla que practicas después de alcanzar la iluminación. Cuando hablo de la iluminación, en realidad, me refiero a la pre-iluminación; quiero decir, esa experiencia visionaria inicial, la práctica de la meditación en el sentido de morar en esa experiencia visionaria, en ese atisbo de la realidad para profundizar en ella, amplificarla y aterrizarla, por decirlo así, de manera que impregne y transforme todos los diferentes aspectos de nuestro ser.


Y en quinto y último lugar tenemos lo que podríamos llamar la Etapa de la Actividad Compasiva [en el sentido de amor hacia los demás].
Esto significa que una vez que hemos terminado de transformarnos por completo, de acuerdo con nuestra visión original (nuestra visión de la realidad), nos encontramos por fin en la posibilidad de ayudar, en verdad, a los demás. Podría afirmarse que ésta es también la etapa de la espontaneidad, la auténtica espontaneidad, en la que si uno no se pone a considerar, no piensa en lo que va a hacer para ayudar a otros, al menos no de la forma en que solemos hacerlo. Lo que haces es, sencillamente, trabajar. Realizas lo que es necesario hacer. Hay una especie de flujo desbordante de tu ser completamente iluminado.

Así que si uno atraviesa estas cinco etapas ya está atravesando todo el Sendero Espiritual. Sin embargo, como bien saben, hay un camino de pasos regulares y también hay un camino de pasos irregulares. Se entiende que podrías comenzar a trabajar en la primera etapa, es decir, la Etapa de la Atención Consciente o Etapa de Integración. Después de completarla podrías pasar a la siguiente, que es la Etapa de la Emoción Positiva y, una vez que la completes, quizá pases a la tercera etapa. Es posible que eso hagas pero creo que son pocas las personas que en realidad funcionan así. Me parece que la mayoría de la gente, al menos por un tiempo, seguirá o tendrá que seguir el sendero de pasos irregulares. Eso significa que tendrán que trabajar un rato en una etapa y otro rato en otra. Incluso, podríamos decir que es posible pensar en trabajar en las cinco etapas de manera simultánea. La primera se perfeccionaría antes. Es ahí donde entra el camino de los pasos regulares. Es decir que la segunda etapa no podría perfeccionarse antes que la primera y así, sucesivamente. Pero lo que sí es posible es trabajar en todas simultáneamente. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que cada día:


Tenemos cinco cosas que practicar lo mejor que podamos.
1) Tenemos que mantener el esfuerzo de estar atentos y conscientes y de estar lo más integrados que sea posible.
2) Nos mantenemos en un estado mental positivo en tanto que podamos.
3) No perdemos de vista nuestra meta esencial en ningún momento.
4) Intentamos aplicar en cualquier nivel todo lo que hemos comprendido o descubierto en el nivel más alto de nuestro ser.
5) Hacemos lo mejor que podemos por los demás; hacemos lo que podemos por ayudar a otros.

Tal es tu vida espiritual y tu práctica espiritual. Esto es lo que más te interesa. De alguna manera, podrías olvidarte de cualquier otra formulación: las cuatro nobles verdades o el sendero óctuple. En el aspecto práctico, esto es todo lo que en verdad requieres. Es todo lo que necesitas pensar. Cualquier otra cosa que los maestros budistas hayan dicho en el transcurso de cientos de años de desarrollo se encuentra contenido en este principio. Todo lo que ellos hayan tenido que decir acerca de las diferentes etapas del Sendero (y, como mencioné al principio, es posible obtener descripciones ciertamente muy elaboradas, las cuales pueden llegar a confundirnos e, incluso, a desviarnos), todo eso se halla aquí en esencia.

Asimismo, puedes pensar en esas etapas como las Cinco Facultades espirituales, que son, a la vez, sucesivas y lineales. La primera etapa corresponde a la facultad de la atención consciente. La segunda corresponde a la facultad de la fe. La tercera corresponde a la facultad de la sabiduría. La cuarta corresponde a la facultad de la meditación y la quinta a la facultad de virya. Si deseas pensar en alguna virtud budista en particular y entender el lugar que podría ocupar en el esquema total, lo puedes hacer sencillamente colocándola en una u otra de estas cinco etapas. Por ejemplo, dana. ¿En dónde entra dana? Está claro que dana entra en la segunda etapa porque, como bien saben, cuando se encuentran rebosantes de amor y alegría en un estado emocional elevadamente positivo lo natural es que quieran dar. No pueden evitarlo.

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