viernes, enero 25, 2008

Ser budista(1): sraddha



Sraddha es nuestra capacidad de respuesta a lo bueno, lo bello, lo verdadero, una respuesta emocional a las manifestaciones infinitas de las Tres Joyas. Se traduce a menudo como la fe. Consiste en sentirse atraído por las cualidades éticas o positivas cuando se manifiesten en otra persona, en un reconocimiento directo de la verdad (independiente de su contexto) y en un anhelo de vivir estas mismas cualidades, virtudes y verdades en la propia vida. Sraddha es el deseo de encontrar la belleza y el significado de la Iluminación en tu propio corazón.

Para poder vivir la vida espiritual y ser budista hace falta siempre mantener viva la llama de sraddha, incluso hacerla arder cada vez más. No hay refugio sin sraddha, sin aspiración, sin esta sensibilidad y apertura a la naturaleza de la vida que nos rodea, que nos llena. Es sraddha lo que nos permite acercarnos a las múltiples manifestaciones del Dharma como lo mítico, lo simbólico, como imagen. Parte esencial del camino budista es reconocer tu propia experiencia de sraddha, entender su importancia en la vida espiritual creativa y tener la confianza y el apoyo necesarios para que puedes sustentar tu vida en ella.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sraddha en sánscrito ó Saddha en pali, han sido traducidos al castellano como “Fé” (Tradutori traditori!! dicen los italianos). Este concepto resulta siempre un poco difícil, puesto que “Fé”, “Fides” en latín, es la traducción del griego “doxa”. Para los antiguos griegos la sabiduría principiaba cuando se emitía una opinión, una doxa, es decir, un concepto totalmente provisional y, probablemente, erróneo. El análisis minucioso de esta opinión permitía llegar a un concepto más verdadero, más acorde con lo real (¡aunque jamás definitivo!). De hecho, esto era lo que hacía Sócrates, al cuestionar las “doxas” de sus conciudadanos para llevarlos a la verdad. Del cuestionamiento, análisis y refinamiento de las “doxas” surgía “Sophía”, la sabiduría. El mismo Buda nos recomendaba tratar, en un principio, a sus mismas enseñanzas como simples “opiniones”, como “doxas” y cuestionarlas. El afirmaba que sus enseñanzas eran como el oro, que las lleváramos al crisol de nuestras dudas, fundirlas con nuestros cuestionamientos, y, así, comprobaríamos con toda certeza su alto quilataje, su total pureza. Sradha es esa confianza que nos da el valor de cuestionar todo y, en el caso del Dharma, nos inunda de alegría cuando verificamos que el Buda decía la verdad y que podemos alcanzar la sabiduría.
El problema que yo veo en occidente es que las iglesias institucionalizadas, acabaron convirtiendo a “doxa” en un ídolo incuestionable, cerrando así el camino para que los fieles alcanzaran libremente a “Sophia”, la sabiduría.
Hoy, los que tratamos de aprender el Dharma, experimentamos fuertemente a “sraddha” en la convivencia con la Sangha, en el estudio, en la naturaleza y en la belleza del arte. Pero creo que nuestro reto es llevar sradha hacia aquellos aspectos de nuestra vida que nos lastiman (la lucha laboral por la subsistencia, las dificultades de vivir en grandes ciudades, la corrupción de la política, el ecocidio, la crueldad contra los débiles,…). Creo que ahí se manifiesta como valor, como el coraje que necesitamos para trabajar por un mundo mejor.
Con Metta
Flavius