miércoles, febrero 13, 2008

El infierno budista

¿Cómo contempla el budismo el infierno? Lo que sigue es un extracto de un libro de Subhuti, miembro de la Orden Budista Occidental. El libro está ya agotado, así que espero que al editor (Edicomunicaciones) no le importa que lo copio aquí. Se llama 'La rueda, la espiral y el mándala'.

Algunas pinturas del infierno, en la tradición budista, muestran ciertas similitudes con las del infierno cristiano de la Edad Media y los posmundos dolorosos de muchas otras culturas. Se muestra como un lugar de dolor y tormento intensos, donde se somete a sus víctimas a las torturas más penosas, las cuales son infligidas y presididas por demonios. Todo este mundo está lleno de llamas, por lo que es insoportablemente caliente, aunque abajo hay regiones que alcanzan un frío amargo que produce los peores sufrimientos. El infierno consiste de subplanos, y cada uno se especializa en un tipo particular de sufrimiento adecuado para cierto tipo de acción torpe. En el budismo popular, estos subplanos se describen con frecuencia con lujo de detalle. Hay, por ejemplo, el infierno de la inmundicia, en el que se revuelvan en el lodo los corruptores de inocentes, mientras que son devorados por monstruosos gusanos. Los torturadores y asesinos son atravesados con un pincho para ser asados, y sus intestinos son picoteados por pájaros con picos de acero.

Quizá debemos tener cuidado del literalismo de dichas historias, las que algunas veces no se concretan a nada más que una burda superstición. A pesar de que el budismo nunca ha descendido a la predicción de las llamas del infierno, algunas veces se ha dibujado la imagen en gran detalle. Dicho énfasis puede tener un efecto saludable, haciendo que alguna gente considere las consecuencias de sus acciones más cuidadosamente, sin embargo tan sólo puede inducir sentimientos de culpa y temor irracionales. En tanto que para el budismo la existencia de estados infernales es un hecho evidente e inevitable, nunca usa la imagen para manipular o inducir estados mentales nocivos de lobreguez, pesimismo y desesperación, que afectan a mucha de la gente que ha sido educada bajo la influencia de la Iglesia, donde se enfatiza detalladamente la existencia del infierno, aun entre los más jóvenes. Un sentido moral genuino proviene de la confianza en uno mismo y de la madurez, no del miedo.

No debemos tomar las representaciones tradicionales de una forma demasiado literal. Los rasgos básicos del infierno, son el sufrimiento constante y el dolor inexorable, impuesto por seres furiosos y vengativos. Este tipo de experiencia se puede encontrar incluso en la tierra, hay gente que ve el mundo de esta manera habitualmente. Todos los que se encuentran a su alrededor parecen estar tratando de hacerles una mala pasada y se sienten constantemente amenazados. Su motivación primaria es la de eliminar o evadir esta amenaza, y están en un estado de enemistad, ya sea abierta o cubierta, con casi todas las personas que conocen. Sufren agonías de inseguridad y sienten el dolor y la humillación de todo agravio, leve o imaginado. Ven este tormento como si les fuese impuesto por sus enemigos, quienes, ellos sienten, están tratando de menospreciarlos constantemente. En muchos casos, debido a la forma en que se comportan con otros, llevan a la existencia los enemigos que, inicialmente, eran tan sólo imaginarios. Dichas personas están dominadas por las raíces del estado mental del odio y ven al mundo entero a través del velo de sus sentimientos proyectados. Viven en un infierno terrenal y hacen un lugar de tormento para sí mismos en cada situación en la que se encuentran. El infierno no es más que el mismo estado mental que se manifiesta en todos sus dolorosos detalles después de la muerte.

A pesar de que las representaciones budistas tradicionales del infierno guardan un cercano parecido con aquellas del cristianismo, el concepto del infierno difiere de su equivalente cristiano en dos aspectos importantes. El infierno no es un castigo y su duración no es infinita. Cada mundo es la objetivización de la propia mente del individuo, de acuerdo con el funcionamiento natural del principio del karma; nadie juzga y nadie condena.

El ímpetu que hemos establecido determinará el tipo de mundo en el que renaceremos. El budismo no cuenta con una concepción de un ser creador o juez divino -esto se considera parte de nuestras propias proyecciones, con respecto a nuestras esperanzas y temores, que se encuentran basadas en nuestra necesidad por una figura paterna alentadora, que organice al cosmos-. El universo está hecho de procesos que contienen las leyes que gobiernan su funcionamiento propio. El principio del karma es la ley inherente en la conciencia individualizada y determina los efectos de las voliciones propias que experimentará.

Todo proceso es impermanente, y un estado particular continúa tan sólo en tanto que las condiciones que lo han traído se encuentren presentes. Las voliciones basadas en el odio llevan la experiencia del infierno a su existencia. Cuando han sido agotadas o contrarrestadas por voliciones perspicaces, entonces dejaremos el infierno y apareceremos en algún otro estado que se ajuste a nuestra nueva configuración kármica. Permaneceremos en el estado de tormento por tanto tiempo y como hayan energías kármicas sin descargar que nos mantengan allí. La tradición sostiene que una vida en el infierno puede extenderse al cabo de muchos eones... quizás esto corresponde con la bien conocida experiencia del tiempo corriendo lentamente cuando nos encontramos sufriendo.

Extracto del libro de Subhuti 'La rueda, el espiral y la mándala'

Ver también 'El infierno del Papa'

2 comentarios:

Alexei dijo...

me encanto esta definicion de infierno

SomosLaClave dijo...

Me parece muy interesante, estoy de acuerdo. ^^!. Miren aqui se habla también de ello:

http://somoslaclave.blogspot.com/2010/11/infierno-y-paraiso.html

‎"Un sentido moral genuino proviene de la confianza en uno mismo y de la madurez, no del miedo."