Buscando la forma de practicar y de comunicar el budismo en el mundo contemporáneo.

Google
 

lunes, febrero 11, 2008

 

El infierno del Papa


“El infierno existe y es eterno”.

Lo dice el Papa. Y lo dice como buen Papa.

Son las palabras más terribles jamás pronunciadas. Y la iglesia las va pronunciando ya hace mucho tiempo. Estas palabras atormentan,
marchitan y machacan las vidas de millones (MILLONES) de personas.

“El infierno existe”. Puede ser. Según el budismo también.

“Es eterno”. Nada es eterno, señor Ratzinger. Los seres sufrimos, pero me parece una doctrina muy torcida la que quiere imponer la posibilidad de un sufrimiento eterno, continuo, sin salida. Proclamarla es un acto torpe y refleja un literalismo fruto de la poca imaginación de la iglesia y de su jerarquía.

Dicen que el señor Ratzinger agregó que su infierno no está vacío.

Le imagino contento.

Puede que no está vacío, pero según el budismo sí es vacío.


Etiquetas: , ,

3Comments:

Blogger Gloria Maria escribió...

Estaba demorando mucho el nuevo papa en emprender como todos los representantes de Status-quo en la tarea de meter a sus feligreses en el "miedo" la emoción que utilizan todos para hacerlos sentir indefensos, necesitados de ser salvados, de ser redimidos por ellos, y para que los seres humanos vuelvan a olvidar su propio poder de redención y su orígen divino.

2/11/2008 11:31:00 PM  
Blogger DDAA escribió...

Claro que el infierno no esté vacío. De existir, estará abarrotado de gente que, como Ratzinger, se han lucrado y han acumulado poder a base de asustar a la gente con la amenaza de un infierno eterno.

3/11/2008 09:04:00 PM  
Anonymous Anónimo escribió...

El concepto de “infierno” no es de origen cristiano. Muchos pueblos antiguos creían que existía un reino subterráneo y oscuro en el que habitaban los espíritus de los muertos. En el México antiguo se decía que había nueves reinos subterráneos, la mayoría de ellos oscuros, fríos y húmedos. El espíritu (yol-lotl) provenía del cielo y estaba hecha de energía “caliente” (tonal-li), la cual quedaba atrapada en un cuerpo y se iba cargando de energía “fría” (ecual-li). Al morir, personas y animales descendían a los reinos subterráneos, sufriendo pruebas terribles y padeciendo un frío espantoso, hasta llegar al más profundo de los infiernos (Mictlán par los nahuas, Mitnal ó Xibalba para los mayas). De ahí, el espíritu, tras un largo periodo de purificación, comenzaba ascender, hasta llegar al Tlalocan, un “infierno” subterráneo paradisíaco, lleno de delicias y placeres, donde el espíritu se despojaba del ecualli residual y, finalmente, volvía a ascender a través del árbol cósmico a los cielos. Una vez ahí, descendía al plano terrestre (“por necedad e ignorancia” diríamos), en un ciclo eterno.
Lo griegos (y romanos) creían que el alma de los difuntos deambulaba, tras la muerte, a través del tártaro, un lugar oscuro y espantoso, poblado por monstruos espantosos y gobernado por Hades y Perséfone. Los muertos padecían ahí hambre y sed por toda la eternidad. Uno iba al inframundo grecorromano independientemente de la actitud moral que hubiera manifestado en vida. Solo algunos seres excepcionales, como Cadmo y Harmonía, iban tras la muerte a los Campos Elíseos, un lugar paradisíaco situado al otro lado del océano (¿Cancún?).
Para los antiguos hebreos, los muertos iban a “sheol”, un reino subterráneo frió y oscuro, donde languidecían de aburrimiento. Buenos y malos iban al “Sheol” por igual. Como cosa curiosa hay que mencionar que la basura que producían en la Ciudad de Jerusalén era incinerada en un lugar que aun existe y que es llamado “Gehena” ó “quemadero”. Ya veremos como esto tuvo consecuencias.
Durante el siglo I AC el pueblo hebreo debió enfrentar graves injusticias al luchar contra los imperios que intentaban absorberlos. Cuando los macabeos mueren luchando contra la opresión de los seleucidas, muchos pensaron que era injusto que acabaran en el mismo lugar que sus opresores. A esto hay que añadir que procedentes de Persia, llegaron nuevos conceptos. Los Mazdeistas, seguidores del profeta Zaratustra, creían que el “Sabio Señor”, Ahura Mazda, vencería al final de los tiempos al demoníaco Ahriman y a sus huestes de servidores, enviándolos por toda la eternidad a un fuego eterno. Estas ideas germinaron en la Palestina ocupada por los romanos y apareció el “apocaliptismo”: los “buenos” irían a un paraíso celestial (similar a los Campos Eliseos) y los “malos” al quemadero (la Gehena pasó de ser un simple vertedero a jugar un papel cósmico, donde los “malos” eran quemados como basura).
Quizá pueda sorprendernos, pero la nueva visión del infierno como lugar de castigo eterno desplazó a las nociones de Tártaro ó de Sheol con gran éxito pues, en un mundo injusto, introdujo una visión moral. Las malos (los dueños de esclavos, soldados, usureros, cobradores de impuestos, ladrones y hasta el mismísimo César) irían a ser castigados por un tiempo muy, pero muy largo. Los buenos (esclavos, niños, mujeres, campesinos, obreros, pescadores, …) irían al paraíso celestial. Las nuevas creencias (cristianismo, Islam y judaísmo rabínico) democratizaron así el reino celestial, abriendo a los menos favorecidos las puertas de los muy selectos Campos Eliseos. Obviamente, a lo largo de la edad media, estas nociones se fueron perdiendo y fue prevaleciendo el miedo al infierno.
La verdad es que, hoy en día, no conozco a mucha gente con miedo a ir al infierno. La gente le tiene más miedo a no poder comprar un auto ó a perder su casa, que a lo que ocurra tras la muerte. Saber que equipo ganará la próxima temporada de fútbol ó en que terminará el próximo “reality show” parece más importante que saber si hay un cielo ó un infierno. Creo que nuestra sociedad se acerca más bien a la noción de Sartre de que “el infierno son los otros”.
Saludos cordiales, Flavius

PS. Si pudiera escoger, tras la muerte me gustaría ir al Tlalocan. Pero como sé que es impermanente, mejor me pongo a trabajar en alcanzar la iluminación.

.

3/13/2008 08:26:00 PM  

Publicar un comentario en la entrada

<< Home