jueves, mayo 08, 2008

Mantra Ofrecimiento

Humberto Acevedo es salvadoreño y poeta. Hace poco me mandó un poema acerca de la situación en el Tibet, cosa que de nuevo ha sido foco de interés en nuestros medios de comunicación a raíz de las manifestaciones que han surgido a lo largo del camino que recorre la antorcha olímpica destino China.

No he querido comentar sobre estas manifestaciones, ni sobre las actuaciones de los monjes budistas.

Simplemente quiero dejar aquí el poema de Humberto. Y la foto.



Mantra Ofrecimiento

Respiro el dolor del Tibet
que nace en el sol acariciado
por la mano de la brisa
del universo iluminado:

Pasará la noche y se oirá el agua,
vendrá el día y volará la abeja,
se arrancarán los remordimientos de las estanciones,
y la silenciosa melodía de la soledad
se hará luna en las ventanas de las casas,
los ejércitos se darán por vencidos
y el mar de la inocencia
comenzará su oleaje de ternura.

para que los tibetanos ya no aprendan a llorar en las esquinas,
ni esconderse
donde el abrazo se abre penosamente de par en par:

que nunca por siempre se hunda la espada de la amargura,
que nunca por siempre se escriba el calendario de la muerte
que nunca por siempre grite el grito la mentira.

Para que los tibetanos ya no tengan fiebre
en el miedo de sus almohadas,
para que el animal desconocido de las cicatrices
ya no escoja las espalda de los tibetanos:

que nunca por siempre se hunda la espada de la amargura ,
que nunca por siempre se escriba el calendario de la muerte
que nunca por siempre grite el grito la mentira.

Para que la angustia del alfiler en la garganta de los tibetanos
sea el sonido esperado de una sonrisa,
para que el sabor de la memoria de los tibetanos
ya no sea la sangre en las paredes:

que nunca por siempre se hunda la espada de la amrgura ,
que nunca por siempre se escriba el calendario de la muerte
que nunca por siempre grite el grito la mentira.

Para que la plaza de Lhasa concurrida por la multitud de rincones
sea un lugar sosegado para la meditación,
para que la alfombra de los buenos deseos
sea la huella de los abrazos tibios de las bienvenidas futuras,
para que el nectar de la sabiduría invente el nombre
de las costumbres de la tierra pura,
para que la calle apestada por la historia cruel
se convierta en el sendero
del dulce aroma del árbol bodhi:

que nunca por siempre se hunda la espada de la amargura ,
que nunca por siempre se escriba el calendario de la muerte
que nunca por siempre grite el grito la mentira.

Para que vuelvan a brotar el Dharma en el monte meru,
y se desvista de asombro el cielo del Tibet:

OM BENDSA PANI HUNG

Humberto Acevedo
Poema urgente: 12:45 p.m.
Jueves 10 de abril de 2008, México, D. F.

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