lunes, junio 08, 2009

Controversia sobre Osel, el "niño lama" adulto


Osel, el niño granadino que sorprendió al mundo cuando sólo tenía 6 años al ser identificado como la reencarnación del lama se ha convertido en un hombre de 24 que estudia cine en Madrid.

El Mundo ha publicado una entrevista con donde dice que pasó una infancia "llena de sufrimiento" cuando estaba recluido en un monasterio entre los 6 y los 18 años. (articulo)

Un articulo similar pero con menos énfasis sobre los aspectos difíciles de su vida fue publicado en la revista bilingüe Babylon anteriormente. (ver)

El FPMT (el movimiento budista que fundó Lama Yeshe - de quien se supone Osel es la reencarnación) ha publicado una carta de Osel en inglés (ver) donde dice que no se ha separado del FPMT y que el artículo es sensacionalista distorsionando lo que dijo. (No encuentro la carta en castellano).

¿Qué será la verdad? ¿Es un chico que fue maltratado en su juventud? ¿O una persona creativa que espera comunicar los valores espirituales budistas a través del medio del cine en lugar de las tradiciones tibetanas?

Será interesante ver como sigue evolucionado su vida. Debe estar sujeto a muchos tipos de presiones.

(foto de Osel)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esta noticia me hizo recordar la exposición de “reliquias budistas” organizada por la Fundación para la Preservación de la Tradición Mahayana de Zopa Rimpoché hace algunos meses en la Ciudad de México. La exposición se efectuó en el Colegio de san Idelfonso, un bellísimo edificio que durante la época virreinal albergó el colegio mayor de los jesuitas y que fue decorado con murales del artista anti-eclesiástico José Clemente Orozco. Quedé sorprendido por la inmensa multitud que acudió al evento, una larguísima fila de obreros, mujeres campesinas, “chavos” banda, burguesítas de Coyoacán, criollas practicantes de kundalini yoga, niños, abuelas,….Una serie de paneles te anunciaban el tiempo de espera (de al menos dos horas) y un grupo de barbies te daban instrucciones. En el camino las pantallas cantaban las alabanzas de Zopa Rimpoché y mencionaban su proyecto de construcción de la estatua de Maitreya. Una serie de urnas te permitían contribuir a tan colosal proyecto. Un par de “chavos” arrabaleros, justo delante de mí, se quejaban, en un lenguaje salpicado de groserías, de que todo esto era una estrategia del gobierno para hacer olvidar el calentamiento global. Una abuela en llanto contaba como venía desde Puebla para traer a su nieta enferma ante las milagrosas reliquias. Tres burguesitas hablaban de la reencarnación y de la dieta de la zona. Lo más asombroso para mí fue ver a toda esta mezcla variopinta de humanidad arrojarse de rodillas ante las “reliquias budistas”. Incluso los chavos-banda se postraron hasta el suelo y pusieron la cabeza bajo un vajra gigantesco que una angloamericana obesa les ofrecía para bendecidlos. Fue realmente surrealista, seguramente Orozco (y Martín Lucero) estaría revolcándose en su tumba ante semejante espectáculo.
Las reliquias consistían en fragmentos de hueso y en cuentas de vidrio coloreadas. Un folleto explicaba que los restos óseos de los iluminados, al ser incinerados, se transformaban en semejantes canicas. Me sorprendió ver un fragmento de un libro escrito por el mismísimo Ananda, a pesar de que Ananda muy probablemente era analfabeto, pues en la época del Buda solo los comerciantes escribían sobre tabletas de barro. La escritura de esa época en India era el alfabeto fenicio. El brahmi solo aparecería 300 años después. Sin embargo, la escritura sobre el libro era devanagari, muy, muy posterior.
¿Qué es lo que está ocurriendo? Creo que en occidente al importar el budismo, estamos trayendo también una serie de supersticiones e ideas más propias de sociedades feudales y que creíamos rebasadas. Esto no me parece muy dhármico, puesto que el Dharma es inteligente y nos invita a buscar la verdad sin prejuicios, pero también con objetividad. El Buda comparaba sus enseñanzas al oro, el cual hay que fundir con preguntas en el crisol de la duda, para verificar su pureza. En ese sentido la OBO me parece muy bien insertada en la tradición que viene directamente del Buda, pero honrando su memoria mediante un sentido crítico que, al final nos dará certeza.
Creo que la aceptación acrítica de ciertas tradiciones asiáticas no nos llevará a la libertad, sino a chocar con supersticiones y autoritarismos que ya padecimos en épocas anteriores.
Flavius