sábado, octubre 29, 2011

La muerte


En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre el día de Todos Los Santos. Es una tradición católica en honor de todos los santos, supuestamente creada para compensar cualquier falta a la celebración de las fiestas de los santos durante el año.

En España además se realiza una visita a los cementerios donde yacen los seres queridos fallecidos.

En México se festeja el día de los muertos, entre el 1 y el 2 de noviembre. Se hacen ofrendas en las tumbas para dar a los muertos comida y bebidas, además de flores y otras cosas que les gusten.

Todo eso tiene sus raíces en una festividad pagana para marcar el final de la cosecha, el Samhain celta. Marcaba el año nuevo y una época en la cual el velo entre nuestro mundo y el mundo de los muertos se hacía más fino. Era más fácil contactar con los muertos, y ellos con nosotros. Marcaba el vinculo necesario e indestructible entre la vida y la muerte, entre los vivos y los muertos.

Esta fiesta pagana se ve reflejada hoy en día en los festivos católicos y en el halloween.

Y me parece sumamente saludable que por lo menos un día al año marquemos la muerte en sí, este hecho universal que durante los otros 364 días del año relegamos al rincón de nuestra conciencia colectiva y muy probablemente a nuestra conciencia individual.

Todos morimos. Y este hecho nos abre la posibilidad de hacer algo con la vida.

En el budismo se marca la muerte del Buda, su paranirvana o nirvana supremo. Es una festividad importante, en la cual también se reflexiona acerca de la muerte, nuestra muerte, y recordamos a nuestros familiares, amigos y conocidos fallecidos. Y es una festividad, no un día triste. Más bien sobrio.

Se celebra en febrero, pero me parece que no estaría mal vincularlo también con el día de los muertos aquí en occidente.

El año pasado di una conferencia en México en el día del paranirvana del Buda, en la cual exploro qué enseñó el Buda durante los últimos meses de su vida, sabiendo que iba a morir. Y exploro el hecho de nuestra muerte y el efecto positivo que puede tener tomar conciencia plena de ella.




Conferencia para marcar el paranirvana del Buda, en el centro budista Triratna de México 2010, por Moksananda


viernes, julio 15, 2011

El Despierto



Me ha dejado este poema mi amigo Humberto Acevedo, uno de los fundadores de La Tushita, movimiento de artistas budistas en México. 
Muy agradecido estoy para que me deje publicarlo.
Como él mismo suele decir, que la generosa vida este siempre de tu lado.



EL DESPIERTO



El despierto sabe de floridos campos y frondosos aromas,

es criatura sin creencia,

y cuando se amarra las agujetas de los zapatos

es aquí en el supremo ahora,

Y cuando regresa a casa

está ahí en el mundo de la vacuidad:

un mirarse así mismo, sin saber que se es,

donde nada tiene sitio, y alguien puede estar muriendo.



El despierto bebe sutilmente el jugo de la mansa naranja,

y poéticamente dirá que algo se cayó en el misterio del porvenir,

descansa en un silencio de pájaros

como lo hace el mar en la línea ilusoria del horizonte.

medita en la impermanencia

como la espuma habita el movimiento de las olas.



El despierto respira el abismo abierto de la memoria,

tiene un sendero y la preciosa existencia

para arreglar una bicicleta,

para disertar sobre las cuatro nobles verdades,

para mirar un amarillo vagabundo

tendido en el hermoso miércoles de oficina,

para sentir el corazón más joven que uno,

para mendincar un fin de semana contigo,

para escuchar una canción

floreciendo en la imaginación que no fracasa,

para estremecerse con la inocencia

de ese quiero ser tuyo ensuciado,

para aprender a perder el tiempo y ganarle a la muerte,

para leer un libro de Foucault

y apreciar el entendimiento limitado,

para mirar la lluvia en el paisaje ciego y sin Dios,

para subir en un ascensor

y estar cercanamente junto a otros imaginando mantras,

para mirar la belleza de una muchacha

como el silencio de un poema,

para reverenciar el Dharma:

esa palabra que envuelve de otro modo las cosas.

El despierto es un Buda.


Humberto Acevedo 

viernes, junio 10, 2011

El mantra del Buda Shakyamuni



Los mantras son sonidos que, igual que una imagen, evocan las cualidades de la Mente Iluminada. Son símbolos sonoros.

El sonido mantrico no es algo únicamente externo que se pronuncia con la voz, sino que es interno también. De hecho el sonido del mantra no es lo más importante. "El mantra es, esencialmente, un sonido interior, una vibración interior, incluso un sentimiento" escribe Sangharákshita en su libro 'Símbolos creativos en el Budismo Tántrico'.

"Esto no quiere decir que no sea importante el sonido físico externo en el sentido ordinario; no quiere decir que no deben repetirse los mantras en voz alta. Sin embargo, la repetición del mantra es tan sólo un medio o un catalizador para la experiencia de la repetición sutil, es decir, para el sentimiento que se incita".

El mantra de Shakyamuni es el símbolo sonoro del Buda histórico. Evoco el ideal del despertar, Bodhi, y a traves de la imaginación suele ser tanto una fuente como una expresión de devoción. El objetivo del mantra es "conectar con las fuerzas espirituales latentes en las profundidades de la mente, aquellas fuerzas que constituyen los diferentes aspectos esenciales de la mente iluminada".

El mantra de Shakyamanui que se oye aquí está cantado por Mahasukha, miembro de la Orden Budista Triratna, y está basada en una composición de Jan Garbarek, un saxofonista noruego.

Oṃ muni muni mahāmuni śākyamuni svāhā

jueves, mayo 19, 2011

¿Budismo y política?

La pólitica no tiene que ver con ser de este partido o del otro. En su sentido más puro es el proceso orientado hacia la toma de decisiones para el beneficio de la sociedad. Es decir, para los individuos en su aspecto colectivo.

En medio de la campaña electoral en España (elecciones municipales y de las regiones autónomas) ha surgido un movimiento de personas de todas las edades y de una variedad de tendencias ideológicas que está pidiendo un cambio. Está formado por personas que se percatan de la profunda crisis de valores en la cual está hundido gran parte del mundo 'occidental' y que se hartan de las manipulaciones, mentiras y media-verdades de los partidos políticos y de los medios de comunicación.

Me ha llegado un video de unos 10 minutos en el cual José Luis Sampedro (escritor y economista español que aboga por una política y una economía "más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos") habla de la necesidad de cambio. Más bien habla de que el cambio es inevitable, ya que todo cambia. Es cuestión de si queremos dirigir este cambio hacía una mejor sociedad o no.

La sociedad influye enormemente en el individuo. El budismo tiene como foco el desarrollo espiritual del individuo, pero no por eso deberiamos olvidar que el individuo depende de sus condiciones, de su contexto, para poder realizarse. Una dinámica política y una economía carente de valores éticos son dañinas a todas las personas que dependemos de ellas. Vivir una vida 'espiritual' es también ayudar a crear condiciones que nutren y apoyan al individuo en sus esfuerzos para realizarse como ser humano y ser 'espiritual'.

El video me ha parecido muy digno de ver y nos invita a tomar conciencia de un aspecto importante de nuestra realidad.

martes, mayo 03, 2011

El arte como fuente y vehículo de cambio



Durante las vacaciones de Pascua aquí en Valencia (España) celebramos un retiro en el cual, aparte de la meditación y los rituales, exploramos la posibilidad de la creación de una nueva sociedad basada en nuevos valores.


Entre los distintas temas y varias actividades dedicamos un día a la exploración del arte y de la cultura, su lugar en la vida espiritual y en una sociedad que apoyaría el crecimiento y desarrollo espiritual del individuo.


Virginia Gonazález, una amiga y mitra de la Comunidad Budista Triratna, compartió en una charla sus reflexiones acerca del proceso artístico y en especial el proceso de crear una nueva rupa, o figura del Buda, para la sala principal del Centro Budista que Triratna tenemos en Valencia, España.


Me resultó muy interesante su aportación y le pedí mandármela para ponerla aquí. Espero que también resulte interesante a otras personas. Y no sólo a los que se dediquen al arte. Como ella misma escribe, el arte es un vehículo muy potente para el que lo practica, y todos, absolutamente todos tenemos potencial creativo.



Hola a todos.

Para los que todavía no me conozcáis, me llamo Virginia y soy mitra de la Comunidad Budista Triratna desde hace muy poco, sólo desde noviembre. Bueno, lo primero que quiero pediros es un poquito de paciencia y comprensión porque esta es la primera vez que doy una charla y no estoy muy segura de saber exponer mis ideas con claridad. De hecho llevo varias semanas en las que me surgen ideas sueltas sobre el tema de este encuentro, todo ello, desde luego, partiendo de la base de mi propia experiencia artística y de mi experiencia como budista. Así que mientras conduzco, friego, me limpio los dientes... ay, también mientras medito, se me han ido apareciendo argumentos sueltos en los que creo, aunque, claro está, sin mucha hilazón lógica. Porque ¿cuál es el tema por el que Amalamati, el director del Centro Budista de Valencia de Triratna, me pidió que hablase con vosotros esta tarde y por qué a mí? Bien, según tengo entendido hasta ahora el tema de hoy es el papel del arte en una nueva sociedad. Yo supongo que Amalamati me lo pidió porque sabe que llevo unos 20 años dedicándome a la escultura.

Ante todo quiero deciros que nunca me han gustado mucho las declaraciones que los propios artistas tienen de sus obras cuando las comentan y analizan. Siempre me ha parecido que me limitaban la visión que yo como espectadora podía tener de su obra. Pero en esta ocasión podéis estar tranquilos, porque no he venido a hablaros de “mi” obra. Y supongo que fundamentalmente porque no tengo casi obra. Sí, llevo más de 20 años dedicándome a la escultura, pero profesionalmente, para ganarme el sustento nada más. Quiero decir que no tengo obra íntima o personal.

Sin embargo, pensaba, pero ¿por qué Amalamati ha confiado en mí para hablaros del arte en la nueva sociedad? ¿Qué puedo rescatar de mi experiencia artística para vosotros? ¿Cómo ha cambiado mi visión del arte después de tanto tiempo dedicada a hacer escultura sin que figure mi nombre, siempre por encargo bajo premisas comerciales muy fuertes?, ¿cuáles son mis ideales y cómo los llevo a la práctica en mi quehacer diario? Estas preguntas me han enfrentado a muchos años en los que no había dejado espacio a ningún ideal, a ninguna premisa teórica, ninguna orientación que diera sentido a mi trabajo. Supongo que al repasar mis años de facultad, estas preguntas en mi cabeza…, ay, me han venido a la mente viejas reivindicaciones y teorías que imprimían a lo que yo hacía energía, vigor y, en suma, importancia (al menos eran importantes para mí) a mi obra. Pero en mi experiencia, y, por favor, tomad todo lo que os estoy diciendo hoy aquí sólo en relación a mi experiencia, sin mayores pretensiones. Como decía, en mi experiencia perdí la confianza en las teorías, los ideales, perdí la fe en mi “yo de artista” y también mi conexión más íntima con una obra. Y, salvo por esto último, quiero decir que este paso fue consciente y voluntario y que aún a día de hoy estoy muy contenta de haberlo dado. Supongo que puede sonar algo extraño…

Bueno, salí de Bellas Artes sin creencias artísticas ya, después de tanto postmodernismo y post-post lo que siguió. Salí corriendo con los ojos bien abiertos, asombrada de tanto ego de artista. Salí corriendo de mí misma…Pero al fin, ¿a qué me iba a dedicar? Pues salí corriendo… para recuperar un oficio. Sí, sólo tiempo después veo que éste es el gran beneficio de mi experiencia profesional. Y es ahora, si me permitís, cuando me gustaría echarle imaginación y retomar el espíritu de juventud para hacer una reivindicación. Quiero recuperar la importancia del arte como artesanía. Por supuesto no pretendo teorizar sobre el arte y la artesanía, sobre el valor de lo útil o inútil, sobre la valía de una “obra maestra” o una sencilla obra bien hecha. Sino que quiero reivindicar, mostraros en lo que valoro la artesanía como proceso creativo, como vehículo de experiencia. Al menos así ha sido para mí.

Vehículo!!!, me gusta mucho esa palabra. Sí, quizás me convence sobretodo en su acepción más pequeña, la de ser un “medio físico en que se transmite algo”. En fin, no me interesa expresar aquí la artesanía con mayúsculas como hacía John Ruskin, por favor, ha llovido demasiado, sino sólo como actitud. Decía que me gustaba mucho la palabra vehículo para el arte. El arte es un vehículo muy potente para el que lo practica (y todos, absolutamente todos tenemos potencial creativo..) Cuando tu imaginación te lleva a practicar, cuando comienzas a observar, escuchar, oler o gustar de manera creativa tu percepción de la realidad cambia; se ha llenado de matices, ha crecido, se ha expandido. El pintor ya mira de manera diferente las sombras, el músico, el silencio, una secuencia de vida. Esa diferencia es la que luego quiere expresar; una nueva interpretación, un cambio que se quiere transmitir a los demás.

Voy a hacer un inciso aquí. Y es que realmente creo que Amalamati me propuso charlar esta tarde con vosotros, no por mis años de artesana, sino porque recientemente he modelado una rupa, una figura del Buda, para el Centro Budista. Y sí, parece que voy a hablaros de mi obra… Quiero hacerlo sólo porque ha sido una experiencia muy intensa en la que he visto cómo aplicaba todos los beneficios de mi oficio en consonancia con mis ideales. ¿Cuáles son estas cualidades de mi oficio? Para mí, la artesanía como actitud significa compromiso y veneración, resolución y esfuerzo, humildad y confianza.

En el comienzo de este trabajo las ideas que más claramente me venían a la mente eran las de tradición y compromiso. Cualquier representación de un Buda pertenece a una tradición que honra un vasto legado de imágenes. Los honra por lo que son, su significado más allá de su forma, del tiempo y del espacio y por lo que son capaces de revelar de nuevo, en tanto que son una nueva visión de un pueblo, son una nueva forma. Cuando modelo figurativo, venero la tradición de formas que hemos heredado, de nuestras raíces iberas, griegas y romanas e intento aprender con respeto de todas las escuelas que inventaron las formas bellas.

Para mí, no salir huyendo cuando me pidieron modelar esta rupa, lo que fue mi primer impulso, suponía una gran responsabilidad. Como decía, por el compromiso con la tradición espiritual y con la tradición estética nuestra. La que está en nosotros, la de nuestra historia. Pero principalmente, sentía un compromiso humano, con la sangha y con el dharma, con cada individuo que después se pusiera delante de ella. Un compromiso de comunicación, de evocación y quizás, en el mejor de los casos de inspiración. Obviamente yo podía hacer muy poco aquí. Sólo crear una nueva forma. Lo único que podía ofrecer era la sinceridad de mi esfuerzo, mi voluntad de llevar a cabo el trabajo por los demás, por cada nueva mirada. Curiosamente mi forma de trabajar fue muy intuitiva. Y es cierto que, a pesar de que en mi profesión hay muchas premisas comerciales y estéticas, de lo repetitivo que pueda parecer, siempre me acerco a mi obra sin saber muy bien qué es lo que voy a hacer. Pienso ahora que esto es una pequeña argucia para enfrentarme al vacío del caballete. Porque lo primero que hay frente a mí es un gran vacío. Y en él comienzo. Y mis sensaciones son de gran curiosidad e incertidumbre cuando me doy cuenta de que no tengo casi control. Sólo trabajo. Voy y confío. Es un continuo esfuerzo. Días y días y meses sin ver nada. Sí, quiero recuperar una actitud que había en los talleres de arte de aprendizaje, esfuerzo y resolución. El mío es un esfuerzo sin una idea muy definida. Me refiero a que no tenía en absoluto ninguna imagen o un dibujo previo de cómo iba a ser el Buda, ni siquiera sabía muy bien cómo iban a ser sus dimensiones; sólo que se trataba de Sakyamuni. Por tanto, este esfuerzo sin idea, sin meta estética es como tirar a la diana con una venda en los ojos. Verdad que hice muchos, muchos tiros…

El esfuerzo como proceso creativo es muy interesante. Se convierte en una búsqueda con determinación, pero sin meta. Intento tras intento, sólo puedes seguir si tienes confianza. Pero ¿en qué tenía confianza? Porque después de meses de estar trabajando de esta manera, tienes una sensación muy inestable y hasta cierto punto frustrante, cuando una y otra vez haces y deshaces las cosas porque no son como “deberían” ser, pero no sabes cómo deberían ser. Haces y deshaces una cara un día y otro. Sólo la confianza en el proceso, la que depositaron en mí, la de mi oficio, hacía que me enfrentara a ello cada nuevo día sin armas intelectuales, sin presupuestos artísticos, sino tan sólo con sinceridad y entrega. Confianza en el trabajo en sí. Hubo muchos momentos en que pensé que no lo iba a lograr. Y esto mina, derriba cada día los pies del artista. Pero seguí trabajando en este vacío de presupuestos.

Todas estas actitudes, la veneración, compromiso, resolución, esfuerzo…del proceso me recuerdan mucho a los ingredientes que intento llevar a la meditación. Pienso que sí, hay muchas similitudes entre la meditación y la creación. Zas!!! Atrévete a saltar a tu vacío!

Bueno, y un día aparece una cara que le es propia y que yo, sinceramente, no sé muy bien cómo ha llegado allí, junto con sus manos y todo el resto del cuerpo. Y como los personajes de una novela que cobran vida independiente del autor, el resto del tiempo que le dedico es para cuidarlo. Y termino poco a poco cada detalle para que esté completo. Relleno cada hueco añadiendo barro donde falta y quitándole donde dice que sobra. Y me acerco y alejo para ver cada detalle y la globalidad. Y también esto me recuerda a la meditación. Es cierto que cuando modelo no hay pensamientos, sólo trabajo, respiración, inspiración. Este estado es una actitud para la creación.

La rupa. La obra cobra tanta independencia poco a poco, a medida que va adquiriendo su identidad, que verdaderamente, aunque siento cierto ligamen con ella, cada vez se me hace más extraña. Este momento es muy bello, porque cada día veo que mi papel cambia y me acerco a la mirada del espectador. Y me asombro, porque conforme la rupa adquiere su forma, y dejo de manipularla, dejo poco a poco de intervenir en ella generándola para intervenir en ella sólo observándola. Y me transformo en su primera espectadora. Y ahí la miro y me sorprendo de nuevo. Cuando por fin la figura “aparece”, siento que sólo tiene sentido por las miradas, las personas que se pongan delante de ella. Y esto también me recuerda a mis ideales budistas.

Sí, creo en el proceso creativo como actitud; como fuente y vehículo de cambio de unas personas a otras.

Y después de que mi labor termine, hay otras…llamémosle transformaciones, que le ocurren a la rupa hasta que llega a su forma definitiva, al menos como la vemos ahora. Me gustaría exponeros un juego de formas por las que pasa que creo que son interesantes por su poder real y simbólico. Y es así:

La rupa se comienza a modelar en barro hasta que se agotan las posibilidades del material, es decir, se hace el máximo de trabajo de volumen y de detalle que permite lo rudimentario y orgánico del material. El barro es húmedo y marrón oscuro. Sobre esta forma o contenido se hace un molde, un continente. El barro se quita del molde. Ya sólo existe el molde, el continente.


Este continente se rellena de escayola. Un nuevo contenido, con su nueva forma. El molde se pica todo para sacar la pieza de escayola de dentro de él, como si estuviera dentro de una piedra. Es decir, el continente se rompe y tenemos un nuevo contenido en escayola. La escayola es blanca, dura y seca. Se terminan todos los detalles a los que el barro no permitía llegar. Una vez concluida esta parte, se hace otro molde de silicona y escayola; un nuevo continente.

La forma de escayola se saca. El nuevo continente de silicona, vacío, se rellena de capas de cera hasta conseguir una nueva rupa. La cera es de color rojo intenso y ligeramente cálida. La cera se ensambla y repasa hasta rehacer de nuevo todos los detalles que se han podido estropear en el proceso. Sobre este nuevo contenido se hace otro molde interior y exterior de un material muy fino y resistente a altas temperaturas, normalmente con moloquita.

El nuevo molde junto con su contenido de cera se meten en el horno, de manera que la cera se derrite. De nuevo tenemos un continente vacío. Por último, se vierte bronce en él. Su contenido definitivo. El bronce sale con un color dorado apagado y es muy frío.

Cada nuevo continente, cada nuevo material ha agotado sus posibilidades ¡Qué bello juego de naturalezas, colores y realidades!

Pero todavía no acabamos ahí. Falta su envoltura definitiva, la pátina. Como sabéis, el bronce puede tener muchos colores en sus acabados. Los más comunes son verdes, pero los hay en óxidos de hierro, azules, blancos, negros.. Y aquí interviene la alquimia y un poquito de magia. Con ácidos, fuego y agua, fue maravilloso ver cómo la rupa iba cambiando de colores, echando humo y sudando óxidos. Ahora tenemos un Buda en óxidos de hierro. Naranjas, rojos y marrones como el cuero forman su cuerpo.


La rupa está en continuo cambio. Su proceso de patina nunca se estabiliza. Siempre cambiará de color.

Quiero volver a retomar el discurso trayendo a la memoria la presentación de la rupa a la sangha en el día de la Comunidad Budista Triratna. Después, mi amigo Abhayaka leyó unas palabras de El Sutra del Corazón que quiero volver a citar aquí: “Así pues, la forma no es más que vacuidad, la vacuidad no es más que forma, la forma es sólo vacuidad, la vacuidad sólo forma”

Pero para cerrar el círculo os contaré que hace un tiempo, mientras modelaba la rupa, leí unas palabras muy alentadoras. Y son de nuestro maestro Sangharákshita. Dice así: “Es posible desarrollar una clara percepción al observar una imagen de un Buda o un Bodhisatva, pero hay que reconocer la imagen por lo que es. Si la visión más clara surge mediante esta práctica no es porque se esté visualizando una imagen de lo trascendental, sino porque uno ve en ella lo real y lo irreal. En el transcurso de la práctica la imagen cobra vida de manera intensa, a la vez que uno reflexiona en que esto surge en dependencia de causas y condiciones y, por lo mismo, no es totalmente real. Al hacer esa reflexión uno advierte que ni el concepto de lo 'real' ni el de lo 'irreal' son suficientes para agotar la verdadera 'realidad' de la situación. La 'realidad' trasciende lo real y lo irreal, la existencia y la inexistencia.”

Sí, el espectador es el que crea de nuevo cada obra. Y con ello,… salta al vacío.






miércoles, agosto 18, 2010

Lo que necesita el mundo

Pensando en una charla/taller que voy a dar sobre el individuo y el grupo, sobre la tensión de ser un caminante caminando con otros, un buscador en compañía de otros buscadores, me viene a la mente esta cita de Howard Thurman (teólogo, educador, líder de los derechos civiles) que leí hace muchos años:



"No te preguntes a ti mismo qué necesita el mundo. Pregúntate qué es lo que te hace sentir vivo y luego ve y hazlo. Porque lo que necesita el mundo son personas vivas, con ánimo."

Howard Thurman escribió unos 20  libros, uno de los cuales se titula The Search For Common Ground; An Inquiry Into The Basis Of Man's Experience Of Community (La búsqueda de elementos comunes; Una investigación sobre la experiencia de comunidad.) No sé si se tradujo al español, ya que se publicó en inglés en 1971. Hay otra cita que se encuentra en el Internet del libro:

"En los conflictos entre hombre y hombre, entre grupo y grupo, entre nación y nación, la soledad del buscador de la comunidad es a veces insoportable. La tensión radical entre el bien y el mal, como el hombre lo ve y lo siente, no tiene la última palabra sobre el significado de la vida y la naturaleza de la existencia. Hay un espíritu en el hombre y en el mundo que trabaja siempre en contra de lo que destruye y devasta. Siempre el hombre debe saber que las contradicciones de la vida no son finales o ultimas; que hay que distinguir entre el fracaso y la conciencia multi-faceta para que no se confunda la conformidad por la armonía, la uniformidad por la síntesis. Sabrá que hacer que todos los hombres sean parecidos será la muerte de la vida del hombre, y sin embargo, percibe la armonía que trasciende todas las diversidades y en la que la diversidad encuentra su riqueza y significado."

martes, junio 15, 2010

¿Que es el Dharma?

Una persona anonima ha preguntado, en los comentarios, ¿Que es el Dharma?

La respuesta fácil es que el Dharma es aquello que conduce a la Iluminación, o que es la enseñanza del Buda.

Pero, ¿que enseñó el Buda?

Lo que he escrito abajo es largo. Muy largo, para un blog. Pero hace unos años di una conferencia en México en la cual me apetecía unir varias escrituras budistas con algunos textos de Sangharákshita para explorar algunos aspectos centrales de la enseñanza del Buda.

Así que, por si esta persona anónima tuviera interés en leerlo, lo dejo aquí ...


“El Buda alcanzó la Iluminación bajo el árbol Bodhi en Buda Gaya hace dos mil quinientos años. Él “vio las cosas tal como realmente son”. Y al principio dudó de si sería posible comunicar su visión a los demás, ya que era... bueno, increíble. O sea que se inclinó por guardar silencio. Pero al final, por suerte para nosotros, decidió enseñarla. Movido por la compasión decidió enseñar el Dharma en beneficio de aquellos cuyos ojos estuvieran cubiertos sólo por un poco de polvo”.

Así que el Buda impartió enseñanzas. Puso en marcha la rueda del Dharma.

“Lo que enseñó constituía una expresión en conceptos, imágenes y palabras de su experiencia de la Iluminación. No es que diera una descripción determinada de esa experiencia. En realidad, no dijo gran cosa sobre ella, sólo la insinuó, señaló en su dirección, indicando, por así decirlo: “Si van hacia esa dirección verán lo que yo he percibido”. Dijo que sus enseñanzas eran como una balsa. Del mismo modo que se usa una balsa para cruzar el río y llegar a la otra orilla, sus enseñanzas se usaban para cruzar el gran río del samsara y llegar al nirvana. Sus enseñanzas, insistió, eran sólo un medio que conducía a un fin, un dedo apuntando a la luna.”

Así insiste Urgyen Sangharákshita, mi maestro y fundador de la Orden Budista Triratna. Las enseñanzas del Buda sólo sirven para cruzar el samsara, el estado de ignorancia y de inevitable sufrimiento, para llegar al nirvana, el estado de la Iluminación espiritual y el inevitable gozo.

¿Pero, porque sólo insinuó el Buda su experiencia de la Iluminación? ¿Porque el Buda no nos dijo exactamente como era? ¿Porque no nos lo dijo con toda claridad sin posibilidad de malentender? Pues, por la misma razón por la cual un dedo únicamente puede señalar la luna. Cualquier intento de describir el contenido de la Iluminación tiene que usar las palabras, palabras que nunca pueden ser aquella que describen. Palabras que nunca pueden ser la experiencia en sí. Las palabras son sólo símbolos. Son metáforas. Nuestras palabras y nuestros pensamientos difieren de aquello a lo que se refieren.

“Distinguir efectivamente entre pensamientos y cosas, entre los conceptos que meramente indican realidades y las realidades en sí, es un arte...”

Nos perdemos en nuestras metáforas – nos perdemos en las palabras. Para propósitos prácticos decimos ‘por favor, pásame aquel libro’ y es un uso satisfactorio del lenguaje. Pero la palabra ‘libro’ es sólo un símbolo. Se refiere a una colección de hojas de papel con letras, o mas bien con tinta en formas variadas. En realidad no hay tal ‘libro’ existente mas allá de sus componentes.

A comenzar a aplicar las palabras a cuestiones tales como qué es lo que llamamos realidad, entonces nos encontramos con todo tipo de dificultades. Las palabras son bi-dimensiónales. Sólo pueden describir las cosas en términos de existir o de no existir, sólo en términos de ser o no ser – lo que es la cosa o lo que no es. Y a pesar de lo que dijo el gran bardo Shakespeare, parece que esta no es la cuestión.

Sangharákshita: “La doctrina del Camino Medio es de hecho coexistente con el Dharma, de modo que al penetrar una se penetra simultáneamente la otra. Lo fenoménico surge dependiendo de condiciones. Esta tesis es la esencia de la Enseñanza y su realización es lo que constituye la Iluminación. Puesto que los fenómenos surgen en dependencia de condiciones no pueden ser descritos como existentes o no existentes: son sunya, vacíos de naturaleza propia. Sunyatá, o la vacuidad de lo fenoménico, coincide con la realidad indicada por el término Nirvana; ya que el logro del Nirvana depende de la realización de la condicionalidad de lo fenoménico.

Como la verdadera naturaleza de lo fenoménico [...] es indefinible, ya que transciende los extremos del ser y el no ser, puede ser denominada madhyama marga. Seguir el Camino Medio en la metafísica consiste en la comprensión de que la realidad no ha de ser expresada en términos de existencia o no-existencia y en reconocer que las indicaciones del Nirvana positivas y negativas, sean concretas o abstractas, sensuales o conceptuales, no poseen validez absoluta sino relativa.”

La naturaleza insinuante de la enseñanza del Buda se ve en la descripción poética del camino Budista como el Camino Medio – la madhyama marga. Fue esta la expresión que usó el Buda al comenzar a enseñar.

Esto he oído: 


En cierta ocasión, el Señor permanecía en Benares, en el parque de los ciervos en Isipatana. El Señor se dirigió a los cinco ascetas:


“Bhikkus, hay dos extremos que no debe cultivar aquel que ha ido adelante. ¿Cuáles son? Está el dedicarse a la búsqueda del placer en los deseos de los sentidos; pues es algo denigrante, áspero, vulgar, innoble, dañino; y está el dedicarse a la mortificación de uno mismo; pues es algo doloroso, innoble y dañino. Al evitar los dos extremos el Tathagata alcanzó la Iluminación del Camino Medio, el cual produce visión clara y conocimiento, y conduce a la paz, al conocimiento directo, a la Iluminación, al Nirvana”.

La tradición oral que con el tiempo se solidificó en forma de las escrituras Budistas nos informe del encuentro del Buda, inmediatamente después de su Iluminación, con sus 5 amigos, ex-compañeros en la vida espiritual. Las escrituras lo describen en términos formales y casi académicos, pero no fue así.

Con el Buda comenzó una gran tradición. Después de su Iluminación, y durante varias semanas, el sabio de las Shakyas se quedó absorto en su experiencia, cultivándola. Entonces llegaron las lluvias y Muchalinda, el Rey de las serpientes, apareció. Lentamente se enrolló siete veces alrededor del Buda, sentado en meditación, para luego protegerle de la lluvia con la capucha de su cabeza. Así que el Buda continuó absorto en su experiencia, profundizando su comprensión.

A terminar las lluvias, y desenrollando su cuerpo de reptil, Muchalinda se fundió en las sombras para luego reaparecer en la forma de un joven bello. Saludó al Buda con manos unidas y desapareció de nuevo.

Y el Iluminado pensó: 'Esta Verdad que alcancé es profunda y difícil de ver, difícil de descubrir. Si intentase enseñar esta verdad a otros jamás comprenderían.’

 “He penetrado una profunda verdad que es difícil de percibir, difícil de entender, apaciguante, sublime, que trasciende todo pensamiento, que es profundamente significativa, que solamente puede ser comprendida por un sabio.  El hombre se mueve en una esfera terrenal, en ella tiene su lugar y en ella busca el gozo.  Para aquel hombre, que se mueve en una esfera terrenal y que en ella tiene su lugar y en ella busca su gozo, será muy difícil aprehender esta cuestión: la ley de la causalidad, la cadena de causas y efectos”.

Así que apareció Brahma Sahampati, rey de los dioses y rogó al Buda que enseñara. ‘Existen seres con poco polvo en los ojos. Se consumen por no oír la verdad. Proclame la Verdad. ¡Algunos si entenderán!’

Al escuchar estas palabras, el Buda contempló el mundo. Vio delante de él un gran lago, vasto como el océano. En el lago crecieron innumerables flores de loto. Crecieron del fango. Algunas - rojas y blancas y azules - existieron dentro del agua misma, otras habían logrado tocar la superficie del agua, con un pétalo o dos saliendo del agua,  y otras estaban completamente libres del agua y existía en la luz del día. El Buda se dio cuenta de que sí, a pesar de que  había hombres y mujeres con mucho polvo en los ojos, había otros con poco; se dio cuenta de que a pesar de los muchos ciegos, había algunos listos para oír la verdad. A ver las cosas así, decidió regresar al mundo para que otros se despertaran al misterio de la existencia.

‘Las puertas de lo inmortal abierta está de par en par. ¡Que aquellas que así la oigan muestren su confianza!’

Pasaron las semanas y el Buda salió en busca de sus 5 compañeros, con la esperanza de poder hacerles comprender. Practicaron el ascetismo en el parque de los ciervos. El Buda los encontró, pero cuando se acercó a ellos le respondieron con desconfianza. No olvidaron que Siddhartha había abandonado la práctica del ascetismo.  Despreocupado, el Buda les dijo que había comprendido la verdad, que había encontrado lo sin-muerte.

'Amigo Gautama,' dijo uno de los cinco 'incluso bajo las penas y la mortificación de tu práctica ascética no encontraste la Verdad. Ya que abandonaste la lucha no vengas por aquí esperando engañarnos para que creemos que lo hayas conseguido. Anda ya.'

El Buda miró sus amigos y sonrió.

‘No abandoné la lucha. Logre lo sin-muerte. Escúchenme y se les explicaré.’ 

Pero aun así los ascetas no le creyeron – a pesar de que había algo bien diferente en el porte de su amigo.

No obstante, se sentaron con él y juntos comenzaron a hablar del gran misterio. La nobleza y claridad del Buda se imponía de forma natural y los ascetas le fueron escuchando poco a poco. Abrían sus corazones de nuevo.

Aquel encuentro entre los seis amigos en el parque de los ciervos se pierde en la neblina de los siglos. Que fue lo que realmente ocurrió, nunca lo sabremos. Lo tenemos que imaginar. Durante días y semanas hablaron y practicaron y mientras tanto el Buda intentó comunicar su experiencia, y no sólo con palabras sino también de corazón a corazón en su intento de prender la llama del despertar en sus amigos. El Buda había descubierto el secreto mismo de la vida y mientras él se esforzó en compartirlo sus amigos se esforzaron en comprenderlo. Se turnaron para ir a mendigar comida, comida que luego compartieron entre sus amigos. Y todo el tiempo el Buda continuaba con su intento de desvelar la verdad, preparando las mentes de los ascetas, preparando sus corazones para que pudieran abrazar la verdad. Y se quedaron allí practicando en la sombra de los árboles hasta por fin ocurrió: uno de ellos comprendió.

“¡Kondanna sabe, Kondanna sabe" regocijó el Buda. La visión verdadera de como son las cosas había surgido en uno de los cinco ascetas. Kondanna y el Buda miraban el uno al otro y entendieron. Otras también comprenderían; otras también podrían despertar del sueño de la ignorancia espiritual. Y así la rueda de la enseñaza del Buda comenzó a girar, la rueda del Dharma comenzó a rodar por el mundo, rodar por los siglos y a través de las vidas de millones de personas, despertándoles del sopor de la ignorancia.

Y es aquel momento, cuando Kondanna comprendió aquello que había comprendido el Buda, aquel  momento en el cual el Buda compartió su experiencia con otro ser humano, aquel momento en que Kodanna se despertó, que se giró por primera vez la rueda del Dharma.

La tradición nos cuenta que durante esa ocasión el Buda enseñó, por primera vez, las cuatro verdades nobles:

“Está la noble verdad del sufrimiento: nacer es sufrimiento, envejecer es sufrimiento, enfermar es sufrimiento, morir es sufrimiento; la pena, el lamento, el dolor, la angustia y la desesperación son sufrimiento, asociarse con quienes no nos gustan es sufrimiento, no estar con quienes amamos es sufrimiento, no obtener lo que uno desea es sufrimiento. En pocas palabras, los cinco agregados afectados por el apego son sufrimiento”.

La verdad de Dukkha – sufrimiento e insatisfacción. Existe, y el reconocimiento abierto de ello marcar el primer paso en su superación. En términos generales el Budismo habla de tres tipos de Dukkha.

Físico
Psicológico – actual y con respeto al sufrimiento potencial.
Existencial – el sufrimiento/la insatisfacción que viene con la ignorancia espiritual.

Como dice el Buda: “En pocas palabras, los cinco agregados afectados por el apego son sufrimiento”.

El Buda se encontró en la India de hace 2500 años. Usaba los conceptos que tenía a mano, y uno de los más importantes fue el concepto de los 5 skandhas, los 5 agregados o los 5 montones. La tradición Indio dividió al ser humano en 5 aspectos: la forma, las sensaciones, la percepción, la voluntad y la conciencia.
- la forma, aquello que tenemos en común con el mundo físico que nos rodea, hecho de los 4 grandes elementos de la tierra, el agua, el aire y el fuego.
- las sensaciones, aquello que surge con los seis sentidos de la vista, el oído, el olfato, el sabor, el tacto y la mente.
- las percepciones, que surgen por la forma y las sensaciones. Vemos una cosa cuadrada de colores y con letras y decidimos que es lo que llamamos ‘libro’.
- la voluntad, el acto de responder a nuestras sensaciones y percepciones. Nos atrae el libro y lo agarramos para hojear. ¡Incluso, lo compramos!
- y la conciencia, los múltiples estados y eventos mentales que forman lo que llamamos la conciencia.

Y cada uno de estos aspectos  también está formado por varias características o aspectos. Así que se llamaron agregados o montones, como montones de granos. Cada montón se distinguía de los otros montones, de la misma forma que un montón de arroz se distingue de un montón de trigo.

Y como dijo el Buda, afectados por el apego son sufrimiento.

“Está la noble verdad de la causa del sufrimiento: la avidez que produce la renovación del ser, que viene acompañada del placer y la codicia, encontrando placer aquí y allá; en otras palabras, la avidez por el deseo sensorial, la avidez de ser y la avidez de no ser.”

Existe una causa de nuestro sufrimiento e insatisfacción – el apego. Nos apegamos a los 5 skandhas. Sentimos apego a la forma, a las sensaciones, a las percepciones, a la voluntad y a la conciencia -  a estos 5 montones. Creemos que son nuestros, que constituyen incluso un ‘yo’, que son míos, que soy yo. Y como consecuencia de esta creencia equivocada sufrimos:

Sangharákshita: “Al ser las cosas constituidas, los objetos de nuestro disfrute se desintegran mientras nos aferramos a ellos, como un trocito de hielo que se derrite por el calor de las manos que lo tienen, y el resultado es el sufrimiento. La felicidad sólo se alcanza cuando la vida transcurre en concordancia con nuestros deseos, o cuando nuestros deseos se armonizan con la vida. Lo segundo es difícil, no hay duda; pero lo primero es imposible. Si no podemos alcanzar la felicidad cambiando el mundo, la tendremos que alcanzar cambiando nosotros mismos. Todo lo compuesto resulta doloroso porque es transitorio; pero lo transitorio no es en sí la causa de nuestro sufrimiento sino la ocasión. La verdadera causa es la avaricia. La felicidad sólo llega cuando no deseamos nada ni nos apegamos a nada. Esa felicidad es eterna.”

“Transitorias son todas las cosas compuestas. Aquel que perciba esto con la visión clara no volverá a ser afectado por el sufrimiento. Este es el Camino de la Pureza. 
Mezcladas con el sufrimiento están todas las cosas compuestas. Aquel que perciba esto con la visión clara no volverá a ser afectado por el sufrimiento. Este es el Camino de la Pureza. 
Insubstanciales son todos los fenomenos. Aquel que perciba esto con la visión clara no volverá a ser afectado por el sufrimiento. Este es el Camino de la Pureza”.

Sangharákshita: “Lo que se puede afirmar sobre lo fenoménico en general, se puede también afirmar del fenómeno físico y mental de lo que llamamos la personalidad. [...] La conciencia no es en manera alguna una entidad inmutable; como todos los demás fenómenos, surge en dependencia de condiciones. La conciencia no es el principio de la identidad personal sino simplemente una serie de ciertos estados mentales, cada uno de ellos de duración infinitesimalmente corta. Estos "destellos" de la conciencia, que son causados y condicionados, junto a otros estados mentales igualmente efímeros y junto a ciertas funciones, constituyen la “personalidad” en cuanto a lo psíquico. Puesto que el fenómeno quíntuple de la personalidad (la forma, las sensaciones, la percepción, la voluntad y la conciencia), así como cada uno de sus componentes, surge dependiendo de causas y de condiciones, y puesto que lo que llamamos personalidad, ser individual o el ser, sólo es la suma total de estos fenómenos psico-físicos causados y condicionados, los cinco skandhas (o montones) no están adheridos a un núcleo permanente, alma inmutable, ser o ente. [...] La negación categórica de que cualquier fenómeno de la personalidad esté exento de la ley de la condicionalidad, es el equivalente psicológico de la gran concepción metafísica de la Sunyata y constituye el Camino Medio en la esfera de la ciencia mental. De un lado, este evita el extremo erróneo de identificar la personalidad con el cuerpo, lo cual vendría a ser materialismo [...] y por lo tanto, una forma de nihilismo. Del otro lado, evita también el error no menos grave de presuponer tras la continuidad de fenómenos psico-físicos un alma inmortal, ser inmutable o cualquier otro tipo de entidad espiritual estática; lo cual equivale al extremo del eternalismo.”

Eternalismo o nihilismo, existencia o no-existencia, ser o no ser. He aquí la cuestión tormentosa del ser humano atrapado por la ignorancia. Sólo un Buda se libera.

En cierta ocasión el Bienaventurado estaba en la orilla del río Ganges entre los Ayojjhans. El se dirigió a los Bhikkhus: “ Bhikkhus, supongan que una gran masa de espuma estuviese flotando en este río Ganges y un hombre con muy buena vista la ve, la observa y la examina de manera apropiada. Para él - viéndola, observándola e examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues que sustancia existiría para ser encontrada en una masa de espuma? De la misma forma, un Bhikkhu ve, observa y examina de manera apropiada cualquier forma sea del pasado, futuro o presente; interna o externa; grosera o sutil; común o sublime; próxima o distante. Para él - viéndola, observándola e examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues cual sustancia existiría para ser encontrada en una forma?


Ahora supongan que es el otoño – cuando lluevan gotas pesadas y gordas – una burbuja de agua aparecería e desaparecería en el agua y un hombre con muy buena vista la ve, la observa y la examina de manera apropiada. Para él - viéndola, observándola y examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues que sustancia existiría para ser encontrada en una burbuja de agua? De la misma forma, un Bhikkhu ve, observa y examina de manera apropiada cualquier sensación sea del pasado, futuro o presente; interna o externa; grosera o sutil; común o sublime; próxima o distante. Para él - viéndola, observándola e examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues cual sustancia existiría para ser encontrada en una sensación?


Ahora supongan que es el último mes de verano y surgiese un espejismo y un hombre lo ve, lo observa y lo examina de manera apropiada. Para él – viéndolo, observándolo e examinándolo de manera  apropiada – aquello parecería estar vació, hueco, sin sustancia: ¿pues que sustancia existiría para ser encontrada en un espejismo? De la misma forma, un Bhikkhu ve, observa y examina de manera apropiada cualquier percepción sea del pasado, futuro o presente; interna o externa; grosera o sutil; común o sublime; próxima o distante. Para él - viéndola, observándola y examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues cual sustancia existiría para ser encontrada en una percepción?


Ahora supongan que un hombre deseando la madera de un árbol, en busca de la madera de un árbol, se dirige a la selva con una hacha afilada. Llegando él ve un gran platanero: erecto, joven, extremadamente alto. Lo corta por las raíces y lo corta las hojas. Después, se lo casca, pero no encuentra nada de madera dentro. Entonces un hombre con muy buena vista lo vería, lo observaría y lo examinaría de manera apropiada. Para él - viéndolo, observándolo y examinándolo de manera  apropiada – ello parecería estar vació, hueco, sin sustancia: ¿pues que sustancia existiría para ser encontrada en un platanero? De la misma forma, un Bhikkhu ve, observa e examina de manera apropiada cualquier voluntad sea del pasado, futuro o presente; interna o externa; grosera o sutil; común o sublime; próxima o distante. Para él - viéndola, observándola y examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues cual sustancia existiría para ser encontrada en la voluntad?

Ahora supongan que un mago o un aprendiz de un mago estuviese demostrando un truco de magia y un hombre con muy buena visión lo ve, lo observa y lo examina de manera apropiada. Para él - viéndolo, observándolo y examinándolo de manera  apropiada – aquello parecería estar vació, hueca, sin sustancia: ¿ pues que sustancia existiría para ser encontrada en un truco de magia? De la misma forma, un Bhikkhu va, observa y examina de manera apropiada cualquier conciencia sea del pasado, futuro o presente; interna o externa; grosera o sutil; común o sublime; próxima o distante. Para él - viéndola, observándola y examinándola de manera  apropiada – ella parecería estar vacía, hueca, sin sustancia: ¿pues cual sustancia existiría para ser encontrada en una conciencia?


Viendo de esta manera, el noble discípulo bien instruido se desencanta con la forma, se desencanta con  la sensación, se desencanta con la percepción, se desencanta con la voluntad, se desencanta con la conciencia. Desencantado se torna desapegado. Desapegado se libera. Con la liberación existe el conocimiento. ‘ Me libero.’ Él discierne que ‘ No hay mas nacimiento, la vida santa está completa, la tarea hecha. No hay nada mas en este mundo.’”

 Esto fue lo que dijo el Bienaventurado.”

“Hora tras hora, día
tras día tratamos
de asir lo inasible, fijar
lo impredecible.  Las flores
se marchitan al tacto, el hielo
se agrieta de pronto bajo nuestros pies.  En vano
tratamos de descifrar el vuelo del ave en el cielo,
encontrar a los peces silenciosos en aguas profundas,
tratamos de anticipar la sonrisa ganada, la suave recompensa,
aún la vida misma tratamos de atrapar.  Mas la vida
se nos va de las manos
como la nieve.  La vida
no nos pertenece.  Le
pertenecemos a la vida.  La vida
es el Rey.” (Sangharákshita)

“Ninguna esencia está encontrada aquí.

Es en esta manera que un Bhikkhu, 
        con la persistencia despierta,
debe enfrentar a los agregados
durante el día y durante la noche,
plenamente atento,
alerta;
debe abandonar los grilletes;
debe hacer de si mismo
su propio refugio;
debe vivir como si
su cabeza estuviese en llamas –
en la esperanza de alcanzar el estado
               de donde no hay cómo decaer.”
 

Existe el sufrimiento, y existe una causa  - la avidez y el apego a lo que es en realidad transitorio e insustancial, sin esencia. Pero también existe el cese del sufrimiento y de la insatisfacción – existe el estado de donde no hay cómo decaer.

“Está la noble verdad del cese del sufrimiento: apagar sin dejar rastro, cesar, renunciar, abandonar, dejar ir y rechazar esta misma avidez.”


 “Tan pronto como mi conocimiento, mi visión correcta de las nobles verdades alcanzó una purificación total, entonces sostuve que había descubierto la plenitud de la Iluminación, suprema en el mundo, con sus deidades, sus Maras y sus divinidades, en esta generación de bhikkhus y brahmanes, con sus príncipes y sus hombres.


El conocimiento y la visión surgió en mí: ‘la liberación de mi corazón es innegable: este ha sido mi último nacimiento; no habrá mas renovación de ser.”

Y existe una verdad mas, la cuarta verdad, la verdad del camino – existe el Camino Medio para llegar a aquella liberación.

“Está la noble verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento: el Noble Camino Óctuple”.

Sangharákshita: “En el sentido más elevado, el Camino Medio equivale a la Meta de la carrera del discípulo. Al transcender tanto el predicamento positivo como el negativo, se puede concebir que el Nirvana ocupa una posición media entre, o mejor dicho, sobre, las dos concepciones extremas, la de la existencia y la de la no-existencia. Metafísicamente esto viene a ser el rechazo del eternalismo y el del nihilismo con sus proles respectivas de opiniones erróneas. Las doctrinas y los métodos que adoptan una posición intermedia entre extremos conflictivos son las manifestaciones, en su terreno más o menos limitado y a su propio nivel de aplicación, del Camino Medio en su aspecto trascendental y superior. Por otro lado, todas las opiniones y prácticas extremas y unilaterales son manifestaciones del eternalismo o del nihilismo, los dos errores básicos. En todas las esferas del pensamiento y en todos los campos de acción nos vemos confrontados con un modo u otro de este principio de tres aspectos. Es por eso que, en cada una de sus fases, la vida espiritual nos confronta con la necesidad de elegir entre uno de los polos opuestos o lo medio, que reconcilia la oposición al transcenderla. Seguir el Camino Medio, en el sentido del término que coincide con el significado de la Cuarta Verdad Noble, la Verdad del Camino, consiste esencialmente en tomar esta decisión de importancia crucial a niveles cada vez superiores. A cada nivel los extremos se hacen a su vez más seductivos, más espirituales, y lo medio más esquivo, más difícil de percibir. Al final se plantea la última decisión: a la derecha, el eternalismo en su forma más sutil y esencial: lo Absoluto, el puro Ser, Dios, el Terreno Divino; a la izquierda los arquetipos del nihilismo: la aniquilación del alma en Dios, la disolución del ser inferior en el Ser Superior, la fusión de la gota en el Océano. Y entre ambos y por encima, igual que la luna llena entre las dos brillantes estrellas del Este y del Oeste, el Camino Medio con toda su pureza, sin nada que empañe su brillo, sin sombra alguna del concepto positivo o del negativo.”

Las palabras sólo existen en dos dimensiones – la existencia y la no-existencia. El Camino Medio es, podemos decir, entrar a la tercera dimensión.

O incluso en la cuarta. El Mándala de los cinco Budas representa la Budeidad en tres dimensiones. Representa, en imágenes arquetípicas la experiencia trascendental de la Iluminación del Camino Medio, el cual produce visión clara y conocimiento, y conduce a la paz, al conocimiento directo, a la Iluminación, al Nirvana.


Al este tenemos a Akshobya, el Buda azul con su sabiduría que es como en espejo. Refleja, ve, las cosas exactamente como son, sin distorsiones, sin apego ni rechazo.

Al sur tenemos a Ratnasambhava, el Buda amarillo con su sabiduría que ve la misma naturaleza, que es una no-naturaleza, en todas las cosas. Es el Buda de la Belleza y de la Riqueza.

Al oeste, el Buda Amitabha con su sabiduría que ve que cada cosa es única en el espacio y en el tiempo. Es el Buda del amor.

Y al norte, tenemos a Amoghasiddhi, el Buda verde con su sabiduría que ve que hay todo por hacer y a la vez nada que hacer. El Buda de la acción que es no-acción.

Y en el centro, que es la unión del mándala de los Budas, tenemos a Vairochana, el esplendor, el Buda blanco, con su sabiduría de la esfera de la verdad, la esencia de todas las sabidurías. El Buda que es como el sol, brillante y compasivo, mandando la luz del Dharma en todas direcciones del espacio y acompañado por dos leones, que rugen como el Buda mismo. Y en sus manos, frente su corazón, lleva la rueda del Dharma -  la cual la va girando lenta y constantemente.

Dije que el Camino Medio es una cuarta dimensión, y en su nivel mas sublime así es. Se dice que por detrás del mándala de los cinco Budas, en una cuarta dimensión, existe otro Buda. Un Buda bien misterioso, que lleva los hábitos bellos de un Bodisattva. Es el Adi buda, el Buda primordial, el Buda que ha sido Buda desde el tiempo sin comienzo. Él es Vajrasattva, el ser del trueno-diamante. Es el Dharmakaya, la imagen de aquello que no tiene imagen, el cuerpo de la verdad. Y Vajrasattva es nuestra naturaleza primordial, mas allá del tiempo y del espacio. Vajrasattva es el Dharma, es la pureza primordial de nuestra ser, es el Camino Medio. Mas allá de ser buenos o malos, santos o pecadores, mas allá del ser o no ser, somos puros. El mensaje de Vajrasattva, del Dharma, del camino Medio, es que no somos ni esencialmente buenos ni esencialmente malos, sino que nuestra naturaleza (que es una no-naturaleza) está por encima y más allá de estos dos. Ni somos ni no somos, ni ambos ni ninguno. Nuestra naturaleza es de la Realidad, pertenece a la Realidad, participa en la Realidad – somos intrínsicamente puros. A través de nuestra práctica del Dharma, del sendero, del Camino medio, mudamos en el tiempo hacia aquello que somos en la eternidad.

Así que, hace 2500 años el Buda Shakyamuni, el sabio de la tribu de los Shakyas, enseñó el Dharma, hacía girar la rueda del Dharma. Y el arquetipo de este acto se ve plasmado en la figura de Vairachona, con sus manos en el gesto de hacer girar el Dharma, y con su sabiduría de la esfera de la verdad, su sabiduría del Dharmadhatu. Nos enseña eternamente el Dharma,  nos muestra “las cosas tal como realmente son”.

“Al ser esto, se da aquello; cuando surge esto, surge aquello; al no ser esto, no se da aquello; cuando cesa esto, cesa aquello”.

Sangharákshita: “Ninguno de los fenómenos de la personalidad puede considerarse el ser porque no hay ninguno que nos pertenezca, y la personalidad no existe aparte de estos fenómenos. Esto sólo se puede realizar verdaderamente por medio de la visión clara de la insubstancialidad de las cosas. No obstante, en el budismo se considera que sólo a un tonto, a alguien que no comprenda ni aun intelectualmente la doctrina de la insustancialidad, se le puede ocurrir que algo le pertenezca. En el Dhammapada dice: “Ni aun su propio ser le pertenece. ¿Cómo le ha de pertenecer su hijo? ¿Cómo sus propiedades?” (verso 62). Porque a la hora de la verdad no poseemos nada,  y llevando nuestro análisis a su conclusión lógica, vemos que tampoco tenemos un ser o ego. La renuncia del monje a todos los bienes mundanos es el ejemplo vivo de esto. Ese monje es llamado akiñcana, “hombre de nada”, no simplemente porque sea un pobre en el sentido social de la palabra, sino porque, según el profundo sentido psicológico y metafísico del término en cuestión, él no considera suyo ningún fenómeno por muy exaltado que sea y permanece libre de codicia y, por lo tanto, a distancia del dolor. De ahí la gran exhortación:

La forma no es vuestra, monjes. ¡Renunciad a ella! La sensación, la percepción, las formaciones y la conciencia no son vuestras. ¡Renunciadlas!”

“Magnifico, Maestro Gotama! Magnifico, Maestro Gotama! Maestro Gotama aclara el Dharma de varias formas, como si hubiese colocado de pie aquello que estaba de cabeza, revelado aquello que estaba escondido, mostrado el camino para alguien que estuviese perdido o puesto una lámpara en la oscuridad para aquellos que tiene visión pudieran ver las formas. 


Yo busco refugio en el Maestro Gotama, en el Dhamma y en la  Sangha. A partir de hoy que el Maestro Gotama se acuerde de mí como un discípulo que busca refugio para el resto de su vida.”

miércoles, mayo 12, 2010

1000 millones de hambrientos



Vamos a ver si esta iniciativa de Naciones Unidas logra presionar a los gobiernos para cambiar esta situación vergonzosa. Pueden ver el vídeo y firmar aquí.

jueves, febrero 04, 2010

México de nuevo

Acabo de regresar de México, después de una visita de 10 días.

El viaje de ida fue, como siempre, bastante horrible. No me gusta sentirme atrapado en un avión durante tanto tiempo (unas 11 horas). No duermo en los vuelos de larga duración. Es una buena ocasión para la práctica de kshanti, desde luego. Pero la verdad no siempre sé aprovecharlo. Además, el vuelo desde Madrid se retrasó, por lo cual finalmente llegue al Centro Budista de la Ciudad de México alrededor de la una de la madrugada, o lo que es igual, a las 8.00 horas hora española.

Pero bueno, me gusta México. Y en particular la conexión que tengo con la Sangha del AOBO México. Durante los últimos 12 años he visitado México 1 o 2 veces al año y puedo decir sin duda alguna que mi participación en la Orden y el movimiento budista Mexicano es una parte muy importante de mi vida. He ordenado a la mayoría de los Dharmacharis que viven allí y soy presidente de uno de nuestros dos centros, el Centro Budista de la Ciudad de México, que se encuentra en la colonia Roma. También hay otro centro del AOBO en la Ciudad de México, BudaMandala, que está en Coyoacan.

A unos 9.000 kilómetros de distancia de Europa y a 3.000 millas desde el centro más cercano a cargo de otros miembros de la Orden (San Francisco), el AOBO en México es relativamente pequeño. Son 13 los miembros de la Orden que viven allí, todos ellos mexicanos, y hay más de 100 Mitras, unos 30 de los cuales han pedido la ordenación. No creo que a ninguno de los miembros de la Orden le importaría que diga que ha habido algunas tensiones entre algunos de ellos en el último par de años. No es fácil construir una Sangha desde cero, lejos de otros miembros de la Orden e instituciones del AOBO y en una cultura muy diferente a cualquier otro lugar en nuestro movimiento. Y sobre todo durante un período en el cual nuestra comunidad ha sufrido un período de cambios. Pero las cosas parecen estar tomando forma y sólo me queda admiración por lo que mis hermanos y hermanas de la Orden están construyendo en D.F..

Me encontré con todos los hombres que están trabajando activamente para ordenarse en México, unos 16 hombres. Me alegró ver que el curso de estudios budistas de 4 años ya está en marcha en los dos centros. Una de las cosas que me preocupa, como preceptor para los hombres hispanohablantes, es que los que piden la ordenación sean consecuentes con su petición y con el proceso que se inicia con ello. Esto no siempre es fácil en una situación tan lejos de otras partes del movimiento. Estudiar el Dharma, ir a retiros largos y más intensivos, y tener un contacto de kalyanamitrata (amistad espiritual) con miembros de la Orden no son tan fáciles de conseguir. Hemos necesitado tiempo para construir las condiciones para tal proceso. Pero incluso en los últimos años he visto un desarrollo definido en todas estas áreas en México, cosa que es motivo de celebración y regocijo.

Aparte de la recién apertura de BudaMandala y el desarrollo de condiciones para los hombres y mujeres que han pedido la ordenación, el último año también ha visto la traducción y publicación en México de un buen número de libros escritos por Urgyen Sangharákshita. Se trata de un importante proyecto que tiene beneficios no sólo para el movimiento en México, sino también en España y Venezuela. Upekshamati ha liderado un pequeño equipo para traducir y editar los libros de Bhante, y algunos otros miembros de la Orden. Incluso he escuchado algunos comentar lo bueno que sería traducir y editar un libro llamado 'Ordination' y escrito por un servidor.

El año pasado también vio el nacimiento de 'Karuna' (significa 'compasión), un proyecto para obtener dinero y bienes para obras de caridad y organizaciones no gubernamentales en México. México tiene una población de unos 105 millones de personas. El 40% de la población tiene sólo el 11% de la riqueza y se considera que viven por debajo del umbral de la pobreza. Muchas familias viven en la pobreza total y los niños son obligados a trabajar en las calles a fin de apoyar a la familia. Unos 44 millones de mexicanos viven en la pobreza, 14 millones viven en condiciones de extrema pobreza. Se puede leer más acerca de Karuna México en su página principal.

Aproximadamente 400 personas a la semana acuden al Centro Budista de la Ciudad de México para clases, cursos o conferencias sobre el budismo. Muchas más si incluimos las clases de yoga y Tai Chi. No conozco las cifras para BudaMandala. Unos 120 de ellos están en grupos de estudio semanales. Que el Dharma podría tener un efecto muy positivo en muchos hombres y mujeres en México, y en la sociedad en general, no tengo ninguna duda. Por el momento la labor de los miembros de la orden y de otros grupos budistas en México es sólo una gota en un océano. Pero es una gota de algo muy especial y con que nuestra creciente Sangha en México se establezca, creo que las Tres Joyas aún puede encontrar un lugar en el corazón de muchos mexicanos.

A salir de México pensé en los muchos amigos que he tendido, que tengo y que tendré allí. Muchas personas vienen a nuestros centros. Y muchos van. Pero la visión revolucionaria del Dharma se hace conocer y poco a poco se va formando una hermandad en las Tres Joyas.

Espero volver pronto.

A pesar de que el viaje de regreso, como siempre, también fue bastante horrible...